Definir qué se practica y qué ayuda se ofrece.
Una conversación no basta para definir un tutor. Estudiamos objetivos, tareas, intentos y materiales autorizados. Con los responsables educativos concretamos cuándo ofrecer una pista, qué feedback necesita revisión y cómo evitar que la herramienta resuelva la actividad en lugar del estudiante.
Contexto y permisos dentro del entorno.
La herramienta debe conocer solo la información necesaria y autorizada. Diseñamos acceso a materiales, relación con la actividad y conservación de intentos según el caso. Los contenidos y resultados no se comparten entre usuarios o colectivos sin una regla definida.
Comprobar utilidad y calidad.
Probamos respuestas, ayudas, errores y comportamiento en situaciones representativas. La evaluación técnica se complementa con la revisión educativa. El seguimiento debe ayudar a comprobar el uso y decidir mejoras; no se promete una mejora del aprendizaje sin medirla.